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No sé qué fue eso: un consejo, una obligación, un pensamiento lanzado al aire, una llamada imperiosa a la acción o un acto de motivación que me dejó descolocado.

Hace un tiempo andaba dándole vueltas a cómo gestionar una situación adversa de la que no sabía cómo salir. No encontraba sentido a lo que hacía ni a dónde me dirigía. Era incapaz de salir de la autocompasión y la queja. Estaba inmerso en un círculo vicioso que me nublaba la mente, la duda me generaba una apatía dolorosa y desconfiaba de mi criterio.

Acababa de llegar de un viaje largo en el que tenía que encontrarme a mí mismo y me perdí aún más, no entendía ni me gustaba cómo funcionaba mi mundo, pensaba que todo lo que había hecho hasta entonces había sido dar vueltas absurdas y desordenadas y tenía miedo a equivocarme de nuevo.

Un amigo paciente, en una conversación, después de oír lamentos, pros y contras de hacer tal o cual cosa, indecisiones y falta de juicio, me espetó: “tío, actúa como haría Clint Eastwood en Sin Perdón”. En aquél momento lo dejé pasar, no me acordaba de los méritos humanos del personaje que encarnaba Clint Eastwood en tal película, y cuando caí en la cuenta, no entendí bien por qué tenía que actuar como un viejo pistolero decadente y atormentado del far west.

Probablemente mi amigo soltó aquello porque veía en la figura del Eastwood actor el paradigma de hombre duro y orgulloso que en las películas es capaz de salir adelante pese a las adversidades. Tampoco me interesaba ese tipo de carácter fuerte, austero y frecuentemente violento, porque estaba bastante alejado de mi realidad, pero me di cuenta de lo importante que es tener referentes, modelos de conducta, personas a las que admirar, ejemplos de vida en los que reflejarse, arquetipos a los que aspirar.

Un modelo a seguir es un manual de instrucciones del que echar mano cuando estás perdido. Una hoja de ruta para avanzar cuando no sabes muy bien cómo quieres progresar, una referencia que te ayuda a recomponerte y coger confianza, un horizonte que te mejora y que despierta en ti la voluntad de ser mejor.

En occidente el modelo más significativo ha sido Jesucristo, en torno al cual, vida y obra, se construyó una religión que ha sido, y parcialmente sigue siendo, la base de la conducta del ser humano.  La religión cristiana dotó de referencia moral y se erigió como guía a la que acudir en momentos de incertidumbre. Ha sido tal, que diferentes filósofos y movimientos intelectuales la pusieron en entredicho al considerar que subyugaba al humano y lo privaba de libertad, conminando a éste a pensar por sí mismo y abandonar los dogmas.

Actualmente conservamos nutridos resquicios cristianos, y la moral de las personas que habitan en lugares tradicionalmente cristianos difiere, más o menos significativamente, de la moral de quienes han crecido en territorios con mayor influencia de otras religiones. No obstante, el mundo moderno, después de la Ilustración y de los movimientos referidos anteriormente, el capitalismo y la globalización,  ha encumbrado al hombre en su subjetividad, no a dios ni una figura objetiva, como centro, y la autoridad del cristianismo como modelo de conducta ha perdido peso.

Sin querer valorar los aspectos positivos y negativos de la religión en nuestra cultura y sociedad, esta muerte de dios nietzscheana, la sustitución de referentes estables y sólidos por otros volubles y perecederos, ha producido cierto vacío y desorientación.

En mis sesiones de coaching me encuentro con que muchos jóvenes tienen modelos a seguir, modelos de éxito a los que les gustaría parecerse, o modelos a los que envidian sus posesiones o logros,  pero pocos prestan atención a modelos de vida que respondan a cuestiones esenciales, personas que inspiren más allá de cuatro frases para enmarcar en un fondo de colores de cualquier red social: cantantes, futbolistas, influencers, guapos y guapas, youtubers, emprendedores. En el mejor de los casos, ante la pregunta ¿cuáles son tus referentes? Se obtiene un silencio prolongado y una enumeración de valores difusos que revelan más querer eludir la interrogación que una sincera respuesta.

Esta incapacidad por explicitar valores no quiere decir que los jóvenes no los tengan. Por supuesto que los tienen, y la mayoría nobles y virtuosos, pero a menudo no son conscientes de ellos, son formas de actuar predefinidas, adquiridas y asimiladas por la educación recibida, desordenadas. Y al no ser consciente no tienes conocimiento, no tienes el control, no tienes el acceso al manual de instrucciones. Es como tener una librería completamente desordenada, con muchos libros que ni siquiera sabes que posees y tener que encontrar ahí la respuesta a una pregunta.

Por ello, al margen de desarrollar el pensamiento crítico, reflexionar sobre los valores que mueven a uno y construir un criterio propio (algo de lo que ya he escrito con anterioridad), considero edificante tener referentes: madres, padres, hermanas, amigos, abuelas, profesores, personajes públicos, personajes ficticios, pensadores, escritoras… quien sea que tenga atributos y cualidades éticas relevantes que constituyan un ejemplo virtuoso de vida.

Tomar conciencia de cómo queremos vivir nuestra vida y ver a nuestro alrededor quién la vive como a nosotros nos gustaría. Un ‘cómo vivir la vida’ como actitud, ética y enfoque, no como mera ambición material.

Mi amigo me dijo que hiciera como Charles Munny, personaje que encarna Clint Eastwood en Sin Perdón, pero a mí últimamente, en situaciones de diversa índole, me ayuda acudir a un referente más cercano: “¿cómo gestionaría este tema mi padre?”. De vez en cuando incluso lo llamo y se lo pregunto, “oye, papá, ¿esto qué?”, y sí, lo hago porque confío en su criterio y, al fin y al cabo, como cualquier padre ha dejado su impronta en mí, pero sobre todo lo hago porque es un referente de vida, una buena persona  que vive una vida buena,  y su forma de entender nuestro mundo intrincado me hace mejor.

Escrito por: GERARD

Gerard Gual es director y fundador de YOUNG&LEADERS, Academia de Educación y Coaching para jóvenes estudiantes con sede en Barcelona.

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