El calor da paso, paulatinamente, a temperaturas templadas y frescas que culminarán en enero con la época más fría del año. El otoño es una estación de cambio, de transición: del calor al frío, de la actividad al descanso, del aire libre en verano al recogimiento del invierno, de la exuberancia de la naturaleza a la luz tenue de diciembre, de la vida a la muerte.

El otoño es un puente entre dos mundos, entre dos realidades. Es por ello que es una época propicia para la reflexión y la contemplación, para percatarse de las transformaciones que suceden a nuestro alrededor y para iniciar un proceso de cambio.

En otoño nos planteamos preguntas e intentamos darles respuesta. Nos preparamos para el invierno, recogemos los frutos de primavera y verano, nuestro aprendizaje, nuestros logros; hacemos acopio de fuerzas y nos disponemos a transitar nuevos caminos, abrir nuevos proyectos, recorrer senderos diferentes.

En esta tensión entre lo nuevo y lo viejo, en la encrucijada entre el pasado y el futuro, nos desarrollamos y suceden nuestros pensamientos: reflexionar sobre nuestros éxitos, pensar en aspectos a mejorar, marcar nuevas metas, fortalecerse ante las adversidades. El otoño es una estación de cambio, preparación y reflexión, y debemos vivirla con plenitud, siendo conscientes de sus características y aprovechándonos de las oportunidades que nos brinda.

 

ALIMENTACIÓN EN OTOÑO

El otoño es la estación de la cosecha, recogemos todo lo sembrado en estos últimos 6 meses (desde la primavera), tanto a nivel físico como emocional. El otoño marca también el inicio de un ciclo de vuelta personal hacia dentro. Son días perfectos para limpiar y depurar el cuerpo. Los órganos y tejidos relacionados con el otoño son los pulmones, el intestino grueso, la piel y el cabello. Podemos relacionar el catarro (tan típico por estas fechas) con el intestino grueso y su dificultad en eliminar residuos y desperdicios del cuerpo.

En esta época empezamos a prepararnos para el invierno, la estación del descanso. Nuestra dieta deberá ser un poco más calórica que en verano debido al descenso gradual que experimentarán las temperaturas. Es el momento apropiado para abrirse a la sabiduría interior: escritura, lectura, meditación, reflexión, nutrir a la familia… Es un momento de cambio y nuestra salud dependerá del poder de adaptación que presentemos en este proceso. La actividad o ejercicio físico (baile, yoga, tai chi, pilates…) nos permitirá crear un cuerpo más flexible y elástico que se proyectará en el plano mental. La respiración consciente es otro buen ejercicio a tener en cuenta. El acto de inspirar (ingestión de aire nuevo que nos da energía) y el acto de espirar (eliminación del aire viejo, que ya no es necesario) sugieren el proceso vital que se repite constantemente (nacimiento-muerte). Por todo ello, los pulmones son los gobernantes del otoño. Ellos son el sostén y la raíz de la respiración. Su estado y condición se manifiesta y refleja en la piel y cabello. La piel actúa como un tercer pulmón, es un órgano de eliminación: eccemas, erupciones cutáneas, acné, furúnculos… son un ejemplo de ello. Una dieta abundante en alimentos naturales, frutas frescas, verduras crudas o ligeramente vaporizadas, cereales integrales… ayudará a depurar y eliminar estos residuos.

 

HÁBITOS EMOCIONALMENTE SALUDABLES PARA OTOÑO

REFLEXIONA

Después de las vacaciones (generalmente en verano) y una vez iniciada la rutina (vuelta al trabajo o a los estudios), es el momento idóneo para reflexionar, es decir, utilizar el espíritu crítico para valorar nuestro momento presente: qué hemos hecho, qué queremos conseguir, qué referentes nos marcamos, en qué nos queremos fijar, hacia dónde nos dirigimos. A menudo, son temas que desdeñamos por falta de tiempo o por el estrés que produce el pensar a futuro. Un buen hábito a desarrollar en otoño, es el pensar racionalmente sobre nosotros mismos, es decir, eliminar las emociones en la visión que nos creemos sobre nosotros y nuestra situación. A menudo, pensar fríamente sirve para coger perspectiva y tener una percepción más clara y objetiva.

TRAZA UN PLAN DE ACCIÓN

Después de reflexionar racionalmente, con espíritu crítico y la mayor objetividad posible, es hora de trazar un plan, una hoja de ruta que guíe nuestros pasos y que establezca fechas, acciones concretas e infraestructura para lograr lo que nos marquemos para este nuevo curso.

CONTEMPLA

La exuberancia del verano, el tiempo que invita a salir, la actividad o el descanso despreocupado que ofrece el tiempo libre dan paso a una estación de cambio y adaptación, más voluble (con días de calor, frío, lluvia, sol…) que invita a la contemplación de la naturaleza mutando. El paisaje de otoño se transforma progresivamente. Contemplar los pequeños cambios que se suceden, tomar conciencia de nuestro entorno, de los pequeños detalles, percibir la vida y los ciclos de la naturaleza ayuda a contextualizar nuestro día a día, da significado a nuestro estar aquí y ahora, ofrece un marco de referencia y ayuda a entendernos mejor.

¡REVISA EL PASADO!

En el desarrollo personal, no todo se reduce a salir de la zona de confort. De hecho, para progresar, mejorar actitudes, potenciar aptitudes y alcanzar objetivos, es tan importante mirar al futuro como al pasado, pues “importan las cosas pasadas porque en algún modo son “presente de pasado y porque en ellas, al menos como lección, puede haber algún presente de futuro”.

 

 HÁBITOS SALUDABLES PARA UNA ALIMENTACIÓN CONSCIENTE

Propondremos alimentos de temporada:

  • Frutas de otoño, ricas en minerales y vitaminas e imprescindibles para el cambio de estación: uvas, higos, granada, membrillo, papaya, caquis, manzanas, chirimoyas, cítricos (naranja, limón, mandarina, kiwi, pomelo…todas ellas interesantes fuentes de vitamina C).
  • Verduras: calabaza, boniato, berenjenas, coliflor, endivias, tomates, calabacín, setas, puerros, cebolla, ajo, lechuga, zanahoria, hinojo, coles de Bruselas, col lombarda…
  • Cereales integrales son ideales para esta época del año (en especial el mijo) ya que contienen mucha vitamina del complejo B, muy apropiada para la astenia otoñal.
  • Frutos secos: castañas, almendras, nueces…
  • Aceites vegetales, importantes para lubricar nuestro intestino.
  • Sopas y cremas: de calabaza, cebolla, puerro, ajo, cebada, avena…
  • Miel, jalea real, própolis, jengibre y equinácea son revitalizantes e inmunoestimulantes, suben nuestras defensas ayudándonos a prevenir posibles resfriados o procesos gripales.

Las energías creativas bloqueadas y los sentimientos no expresados nos congestionan la cabeza y resistencia física. También hay una serie de alimentos que nos congestionan, como por ejemplo los plátanos, pasta, patatas, pan, bollería, azúcar y refinados.

Hay otros alimentos reconstituyentes que nos ayudan a retomar y a renovar nuestra energía, como por ejemplo los aguacates, champiñones, carnes magras ecológicas, pescados, lácteos (mejor de oveja o cabra), frutos secos, legumbres, semillas y cereales.

Recordemos que en otoño es un momento ideal para depurar los pulmones. Para este fin propondremos una pauta dietética muy precisa de 3 o 4 días, acompañada de las siguientes bebidas:

Infusiones depurativas y expectorantes: tomillo, jengibre, hinojo, anís, malva…

Zumos aconsejados:

  • Inyección de vitamina C: pomelo, limón, pepino y lechuga.
  • Estimulante del sistema inmune: zanahoria, pomelo, pepino, jengibre, menta y polen. Medicina preventiva. Fortalece el sistema inmune.

 

Josep Pont i Gerard Gual