Mar
17

¿Cómo motivar a tu hijo en los estudios?

escrito el 17 de marzo de 2015 en Artículos & Corporativo con 0 Comentarios

En Young&Leaders tenemos la convicción de que trabajando aspectos emocionales, potenciando habilidades sociales y ayudando a que el alumno se comprenda mejor a sí mismo y aprenda a fijarse objetivos, los resultados académicos mejoran sustancialmente. En ocasiones las clases particulares, el trabajo hecho en la escuela o los deberes no bastan para que los jóvenes obtengan buenos notas y, aún más importante, para que se interesen por su formación. Generalmente, esto es debido a la desmotivación, frustración, a encontrar más perjuicios que beneficios en estudiar, a la falta de seguridad y a las etiquetas que nos vamos colgando.  Por esto, en base a nuestra experiencia, exponemos una serie de consejos, algunos de ellos ya abordados en este blog, para que los padres y madres pongan en práctica y ayuden a sus hijos a que se ilusionen y aprendan a aprender.

¿Cómo motivar a tu hijo en los estudios?

Transmitir con entusiasmo la importancia que tiene el estudio. Dar ejemplo mostrándose uno mismo atraído por nuevos conocimientos y prestar atención a los contenidos que el hijo adquiere en la escuela. Preguntarle por ellos y mostrarse interesado.

No considerar el estudio como una obligación: estudian por un bien propio y no por voluntad de los padres.

Legitimar el hijo: tener en cuenta su opinión e interesarse por los temas que le gustan.

Conectar las asignaturas con sus gustos: ayudar a que encuentre la parte estimulante de los estudios en función de sus intereses.

Ampliar su zona de confort: a partir de sus intereses, ayudar a que incorpore otros nuevos y progrese en aquello que le gusta. Fomentar el asombro ante lo nuevo. Despertar la curiosidad ante lo desconocido hará que desee buscar explicaciones, es decir, aprender.

Escuchar empáticamente: ajustar el tono de las explicaciones a la forma de ver el mundo de los hijos. Por ejemplo, del mismo modo que a los más pequeños se les cuenta cuentos con moraleja para que asuman valores, con los jóvenes también se debe adaptar el discurso para que lo comprendan.

Reforzar el estudio con recompensas para después dejar de premiar progresivamente, de forma que el mismo estudio sea gratificante y no necesite beneficios externos.

Potenciar el espíritu crítico y el análisis racional: ante las preguntas que plantee el hijo, dar explicaciones razonadas donde se muestren las causas. Evitar el “porque sí”.

Potenciar el sentido del humor cuando deban enfrentarse a problemas y complicaciones. En situaciones de tensión y ansiedad, es conveniente relativizar y tomar distancia.

Dar, progresivamente, libertad en la gestión del estudio, de forma que poco a poco adquieran responsabilidad.

Ofrecer sentidos, hacer que aquello que se estudia sea significativo, útil e importante.

– Mostrar como todas las materias trabajadas en clase son necesarias, están relacionadas y afectan diferentes ámbitos del día a día.

Desmontar fantasías infantiles que resulten perniciosas para el futuro. Por ejemplo, querer ser rico trabajando poco. Poner ejemplos reales de personas que conozcan y desmitificar.

No etiquetar: Evitar crear ideas inamovibles sobre ellos mismos que después puedan utilizar para justificarse. Por ejemplo: soy de letras, no soy bueno en matemáticas, soy mal estudiante, soy listo pero perezoso, soy vago, etcétera.

Ser equitativo: reforzar positivamente cuando se ha hecho un buen trabajo, advertir de los errores cuando no se ha conseguido lo que se quería.

–  Ayudar a que se marque retos él solo. Mediante el diálogo, buscar la complicidad en sus decisiones y apoyarlas. Llevar a cabo conversaciones periódicas que favorezcan el establecimiento de compromisos.

No sobrepasarse con la efusividad del refuerzo positivo, ya que el hijo puede considerarlo exagerado y no darle credibilidad.

Evitar el control excesivo, puesto que atrasamos el crecimiento del hijo y hacemos que derive la responsabilidad del estudio en los padres.

Dar la importancia justa  a las notas. Es más importante aprender e ilusionarse que tener un número concreto en el expediente académico, especialmente en Primaria y ESO. Exagerando las consecuencias de una mala nota creamos más presión y contribuimos  a que se distancie.

Hablar de otros temas. La escuela y el rendimiento en ésta no debe ser el único tema de conversación entre padres e hijos. Como hemos comentado en puntos anteriores, es más importante interesarse por sus inquietudes, hacerlo partícipe de conversaciones familiares, preguntar su opinión acerca de temas diversos, incluso pedirle consejo, que incidir constantemente en el recurrente tema académico.

Establecer unas condiciones básicas de estudio: proporcionar un espacio adecuado en una zona silenciosa y lejos de elementos que distraigan, con luz y temperatura adecuadas. Descansar 5-10 minutos cada 50 minutos de estudio. Tener una rutina de estudio diaria planificada.

No abusar del tiempo de estudio. Los jóvenes necesitan hacer otras actividades y tiempo libre.

Gerard Gual es director y fundador de YOUNG&LEADERS, Academia de Educación y Coaching para jóvenes estudiantes con sede en Barcelona.