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Ser auténtico

escrito el 4 de octubre de 2016 en Artículos con 0 Comentarios

Quienes tengan una página web con WordPress (sistema de gestión de contenidos, es decir, programa que se usa para la creación de blogs y páginas webs) sabrán que, entre las herramientas disponibles, que parecerán muy sencillas para informáticos pero desquiciantes para la gente de a pie, hay un indicador que muestra la calidad de un artículo según su legibilidad, es decir, si la redacción de la publicación favorece la lectura y, por lo tanto, su posición en el buscador de Google.

Hasta ahora era consciente de que WordPress aconsejaba ciertas prácticas para que las publicaciones tuviesen mayor y mejor presencia en los buscadores, por ejemplo: poner una meta-descripción de la publicación, indicar una palabra clave y que ésta se repita cuantas más veces mejor en un artículo, que el texto tenga más de 300 palabras, que el título no sea demasiado corto, que haya enlaces externos, escribir keywords, etcétera. Estas sugerencias no suponen grandes cambios a nivel de redacción así que, a pesar de quitar algo de tiempo, siempre he intentado cumplirlas.

Pero hace poco me percaté de un indicador que valoraba la redacción de la publicación.  Al presionar sobre dicho indicador se podían leer las recomendaciones que la plataforma hacía para mejorar la mencionada “legibilidad”.

Respecto al artículo que estaba subiendo, “No me juzgues, por favor”, se exhortaba a realizar los siguientes cambios:

– El texto no contiene ningún subtítulo. Añade al menos uno.

– 44.1% de las frases contiene más de 20 palabras, que es más que el máximo recomendado de 25%. Trata de acortar tus frases.

– Tu texto contiene 3 frases consecutivas que comienzan con la misma palabra. ¡Intenta ser original!

– 1 de los párrafos contiene más que el máximo recomendado de 150 palabras. ¿Seguro que toda la información es sobre el mismo tema, y por lo tanto pertenece a un solo párrafo?

He de confesar que el “¡Trata de ser original!” del tercer punto me picó. Con exclamaciones y todo. ¿Cómo se atreven? La repetición se trataba de un recurso literario, una anáfora, para darle originalidad y carácter al texto.  ¡Qué desfachatez!

Según una fórmula o a saber qué chismes informáticos, el artículo parecía tener mala “legibilidad”. El indicador estaba en rojo. Ese rojo en medio de la pantalla del ordenador daba miedo. ¿Cómo iba a subir un artículo con un punto rojo diciéndome que la “legibilidad” era una basura? Pero, realmente ¿a qué se refería eso de la “legibilidad”? ¿A faltas de ortografía, malas construcciones gramaticales, a que parecía redactado por un mono? ¿Wordpress cuenta con millones de expertos redactores juzgando los artículos de aquellos que se aventuran a publicar en internet? ¿Junto con Google habrán desarrollado una herramienta con algoritmos complejísimos para descifrar si un escrito es de buena calidad o es una chapuza? ¿Será el fin de los críticos literarios y de las opiniones subjetivas porque han dado con la fórmula que mide la calidad de un escrito?

No. Simplemente, basándose presuntamente en lo que prioriza Google, WordPress ahora valora la “legibilidad”. Y la legibilidad (ya quito las comillas) no es más que la cualidad de un texto de ser fácilmente leído, ni más ni menos. Es decir, los relatos de Borges son poco legibles y las crónicas de las actividades de Teo, muy legibles. Nada más.

Pude respirar al ver que no se estaba juzgando la calidad lingüística de mi escrito, era sólo un aviso, un indicador que venía a decir “cuidado con lo que escribes porque tal vez no se lo lee ni el Tato” y eso, más que enfadarme, me preocupó.

Una compañía enorme como WordPress (una de cada cuatro webs está hecha con este gestor de contenidos), pide con imperativos, a millones de escritores y usuarios, que escriban de una determinada manera, simple, básica, incluso tonta. ¡Qué peligro!

Que una empresa tan poderosa aconseje en estos términos sobre cómo escribir me parece una injerencia inmoral en un campo en el que no debería pronunciarse. Es arriesgado pretender condicionar a los escritores que usan su plataforma. Es peligroso marcar una línea de redacción común y básica sin entender ni atender al tipo de escrito del que opina.

La globalización y los avances tecnológicos, del mismo modo que facilitan que una hamburguesa sepa y tenga la misma apariencia en Barcelona, Tokyo, Los Ángeles o Marrakech, ayudan a uniformizar otros aspectos de nuestras vidas: humor, música, trabajo, educación o idioma. Las webs se parecen entre sí porque se hacen con programas estandarizados, las novelas más vendidas en todo el mundo están escritas con un molde, el contenido cultural al que accedemos se simplifica y ya no queda lugar para la autenticidad.

Pese a que se venda lo contrario, pese a que los anuncios, la televisión, los ídolos juveniles, la farándula, las grandes compañías, vendan la originalidad como modo de vivir, consejo para ser mejor y destacar, los procesos económicos, culturales y sociales llevan a la uniformización.

Ante este hecho, ante un escenario que a menudo resulta artificial, que dice favorecer lo diferente pero tiende a penalizar salirse de lo normal; ante una situación de monotonía y falta de diversidad, después de que WordPress me dijera que mi artículo era poco legible, me cuadré y dije: ni hablar, no pienso retocar nada del texto, me gusta cómo está, al cuerno con hacer caso a un algoritmo que no tiene ni idea, voy a ser auténtico.

Y entonces pensé lo necesario que es ser auténtico hoy en día, no dejarse llevar por la corriente dominante, huir de los moldes y evitar la homogeneización, pero tampoco forzarse a ser pretendidamente diferente. Ser auténtico… pero ¿Qué es ser auténtico? ¿Ser auténtico es ser alguien original que se salta las reglas? ¿Ser extravagante como algunas estrellas? ¿Ser diferente? ¿Pensar out of the box? ¿Ser auténtico es pasar de todo el mundo e ir a la tuya?

Como he dicho en alguna ocasión, las críticas y opiniones se deben escuchar, digerir y entender para aprender de uno mismo a través de la opinión de los demás, para aprender de los demás y para aprender de nuestro entorno. En el caso de las reprimendas de WordPress, me sirvieron para entender un poco mejor cómo funciona el mundo (aunque siempre estoy dispuesto a cambiar mi punto de vista si descubro argumentos más creíbles que demuestren lo contrario).

Hay críticas positivas, negativas, constructivas y destructivas. De todas se aprende algo, aunque eso no quiere decir que modifiquemos nuestra conducta en función a lo que oímos por ahí.

En el diálogo que sostenemos con la opinión externa se ubica la autenticidad, en cómo procesamos la información de fuera y la integramos en nuestro marco de creencias, valores y conductas.

Ser auténtico está asociado a la seguridad con la que uno se mantiene firme pese a la crítica, pero esto no implica que la autenticidad sólo se dé como oposición a la opinión mayoritaria. Nos llaman la atención aquellas personas que han tenido el valor de ser diferentes pese a colocarse en la diana de lo comúnmente aceptado, pero tampoco podemos concluir que autenticidad sea sinónimo de transgresión. La autenticidad se observa en lo original, en las peculiaridades que nos hacen destacar, para bien o mal, y diferenciarnos del resto, pero autenticidad tampoco es originalidad.

Salir fuera de lo común, resultar extraño y quebrantar la costumbre, no nos convierte en personas más auténticas. De hecho, en ocasiones esta actitud rebelde no responde a una voluntad sincera de compromiso con uno mismo, sino a la sumisión que acarrea darle excesiva importancia a la opinión pública. En estos casos, ser original responde a los mismos mecanismos y falta de confianza que hace que otros quieran pasar desapercibidos: en términos de autenticidad, de nada difiere aquel que viste con ropas extrañas para llamar la atención que aquel que se viste corrientemente para no destacar. Ambos se mueven subordinados a los demás.

La autenticidad se desliga del saberse auténtico, de la voluntad de querer ser original, del anhelo por ser diferente, del ansia de destacar.

Por otra parte, ser auténtico tampoco tiene nada que ver con el inmovilismo, con el “yo soy así”, con la cabezonería, con la estrechez de miras, con la soberbia, con el no escuchar a los demás, con la petulancia del que se cree por encima y cree sus ideas superiores. Ser auténtico no es ser una roca persistente, inalterable, cuyas creencias no se someten a juicio.

Pero ser auténtico tampoco es ser un cínico, no es tener valores superfluos que cambian ante el mínimo conflicto moral, no es disponer de creencias triviales que van y vienen  para justificar actos y evitar la crítica. Ser auténtico no es citar a Groucho Marx y su “estos son mis principios y si no le gustan tengo otros” como ley de vida. Ser auténtico no es ser pueril ni estar despojado de un ideario concreto.

Ser auténtico implica fortalecer, mediante la revisión de ideas y creencias, nuestra moral y pensamiento, para construir un marco coherente de valores e ideas, y un sistema de evaluación de éste. Ser auténtico es hacer aquello que uno cree y siente correcto y someter a examen el proceso.

Ser auténtico es ser humilde en la espinosa tarea de entenderse y sentir en el mundo. Ser auténtico es dudar de las emociones y pensamientos que tenemos para después confiar en ellos. Ser auténtico es saber escuchar y escucharse. Ser auténtico es ser autocrítico pero no influenciable. Ser auténtico es estar comprometido con algo que vaya más allá de tu ego.

Ser auténtico es ser recto yendo torcido.

Gerard Gual es director y fundador de YOUNG&LEADERS, Academia de Educación y Coaching para jóvenes estudiantes con sede en Barcelona.