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Personas tóxicas

escrito el 4 de abril de 2017 en Artículos con 0 Comentarios

Conozco a más de uno que habla de la gente con la que ha tenido problemas como “personas tóxicas”. Se refieren a ellas con regularidad, como si de un ejercicio mnemotécnico se tratase, para no olvidar que en el mundo hay gente que te puede dañar. Escriben publicaciones en las redes sociales asegurando que son mucho más felices desde que han eliminado a estas “personas tóxicas” de su vida, argumentan ante sus conocidos que a partir de ahora sólo se rodearán de gente positiva y honesta, y que, por el contrario, nunca más se fiarán de aquellos amigos desleales que se desenmascaran traicionando. Es un mantra repetido para convencerse de que por fin se ha entendido de qué van las relaciones humanas, es un discurso en el que cuesta localizar el punto donde acaba la reflexión y empieza el despecho.

Por supuesto, mejor no entenderse con personas tóxicas cuya relación pueda acarrear graves problemas, pero ¿Quiénes son las personas tóxicas?

“Personas tóxicas” es un concepto poco definido, una idea que se utiliza indistintamente para referir a genocidas y sociópatas, manipuladores, aprovechados o a simples personas con las que uno no ha congeniado.

Hay mucha literatura que analiza el carácter de los tóxicos y por qué conviene alejarse de ellos:

  • Por una parte, encontramos aquellos que sólo hablan de ellos, tienden a mentir, fingen que los demás les importan para conseguir sus propósitos, pasan por encima de quien sea para lograr lo que ambicionan. Narcisistas de tomo y lomo de los que conviene huir si uno no quiere acabar siendo utilizado como un pelele.
  • Por otro lado, se atribuye el dudoso mérito de ser tóxico a las personas negativas, aquellas que hacen del lamento su herramienta comunicativa más valiosa, aquellos que van con la cabeza gacha compadeciéndose, aquellos que con su pesimismo pueden amargarte un día soleado de primavera.
  • Finalmente, hay quienes generalizan y consideran personas tóxicas a todas aquellas que no les aportan ningún bien o, peor aún, que sólo les han causado dolores de cabeza.

No seré yo quien diga o sugiera con quién conviene pasar el rato, entablar amistad o relacionarse cuando a uno le venga en gana. Tengo amigos cenizos, narcisistas,  extremadamente optimistas (que pueden enervar más que los otros), y en ningún caso les colocaría el adjetivo “tóxico” acompañando a sus nombres. En ocasiones la introspección y carácter reflexivo del pesimista puede aportar clarividencia (no todo en la vida es reír y pensar en positivo), y el narcisista puede ser extremadamente gracioso y amenizar buenos momentos.

Así pues, entiendo que es el sentido común, acompañado de la experiencia y vivencias mantenidas con cierta persona, el que debe determinar si conviene seguir relacionándose con él o no. En cualquier caso, debería ser una cuestión exclusiva del ámbito privado, donde las apreciaciones subjetivas determinan la calidad de la relación, no estándares o una lista objetiva de atributos. Al fin y al cabo, alguien puede ser tóxico para uno y “curativo” para otro.

No es justo atribuir un epíteto tan categórico y negativo a alguien cuando el problema radica en el entendimiento, diferentes posturas frente a la vida, incompatibilidad de caracteres o intereses opuestos. Por ello, utilizar en exceso este concepto puede ser una excusa para evitar la autocrítica y responsabilizarse de las relaciones insatisfactorias.

Evidentemente hay gente dañina y personas que a veinte kilómetros se percibe su maldad, pero generalmente se considera tóxico a la persona cuando lo tóxico es la relación mantenida. Conviene ser honesto y, al catalogar a alguien como tóxico, tener en cuenta nuestra parte de responsabilidad.

Gerard Gual es director y fundador de YOUNG&LEADERS, Academia de Educación y Coaching para jóvenes estudiantes con sede en Barcelona.