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Organizar, ordenar, concretar

escrito el 14 de abril de 2016 en Artículos con 0 Comentarios

No sé en qué momento me convertí en una persona moderadamente ordenada. Creo que establecer una jerarquía en el pupitre de clase -en la que los libros más anchos se ubicaban en la base y los más estrechos en la parte superior, dejando un hueco en el lado izquierdo para encajar el estuche- se debió más a apreciaciones estéticas que a la practicidad del orden.  Me gustaba ver las cosas en su sito, ajustadas, simétricas, ensambladas entre ellas. Formaban un conjunto harmónico que cobraba sentido unitario, tenía coherencia, era bonito, tranquilizaba. No entendía esos pupitres con papeles arrugados, lápices, bolígrafos desperdigados y libros colocados irrespetuosamente, lanzados al vacío, a la deriva en el caos. Antes era de esos, así que entiendo a quienes dicen encontrar orden en el desorden, aquellos que aseguran que hallan cualquier objeto rápidamente por muy confusa que sea la disposición de éstos. Lo mío era por belleza; una manía que me alegraba la vista. Con el tiempo, he sabido apreciar otros beneficios que el orden proporciona a quien aprende a organizar sus tareas.

Ordenar es distinguir, diferenciar, segmentar, atribuir un papel y una importancia determinada a algo dentro de un conjunto. Ordenar camisas por color, guardar alimentos por fecha de caducidad. El orden puede llegar a ser obsesivo -tengo un amigo que necesita que los botes de jabón y champú del baño estén alineados según la altura-, pero no podemos negar que ayuda a distinguir, ubicar y entender.

Para alcanzar objetivos, para afrontar retos, es indispensable.

Uno de los principales problemas que observo en los estudiantes y adolescentes es que no se organizan, no ordenan, no concretan: utilizan vaguedades y abstracciones para definir el camino que seguirán, pero estas indeterminaciones no dejan de ser una máscara de la procrastinación.

¿Qué quieres conseguir?
Aprobar todo y además tener una media de 7.
¿Y qué piensas hacer para conseguirlo?
Estudiar mucho y estar atento en clase.
¿Y eso qué quiere decir?
Pues estudiar más y concentrarme en clase.
Sí, pero ¿cómo lo vas a hacer?
Pues no sé, ya te he dicho.

Los lugares comunes no quedan definidos, se evaporan, se esfuman, no constituyen un plan de acción, no suponen un incentivo ni determinan qué acciones se llevaran a cabo para la consecución de los objetivos. Acostumbran a ser promesas altisonantes vacías de contenido: “estudiar mucho”, “portarme mejor”, “hacer todo lo posible”, “esforzarme más”, “ser más bueno”, “ponerme las pilas”. Y estas promesas, estas frases proferidas como juramentos a futuro, no son vinculantes, no determinan nada, son humo.

Para lograr cualquier propósito uno debe organizarse. Y organizar es ordenar, priorizar y entender qué debe hacerse, cuándo y cómo, es decir, concretar.

¿Vas a estudiar mucho para aprobar? ¿Qué es mucho? ¿Cuánto tiempo al día y qué días? ¿Qué estudiarás esos días? ¿Qué asignaturas? ¿Qué contenido específico de las asignaturas? ¿Qué harás para mejorar aquello que ahora te cuesta? ¿Puedes hacer una lista de prioridades? ¿Qué recursos utilizarás para estudiar (esquemas, vídeos, apuntes, resúmenes, estudiar con compañeros…)? ¿Cómo medirás el progreso? ¿Qué indicadores mostrarán si vas por el buen camino?

Cuando las acciones quedan fijadas y marcadas, cuando las acciones tienen cuerpo, peso y entidad, cuando las acciones tienen un tiempo, duración, lugar determinados, es más difícil aplazarlas, es más complicado olvidarse de ellas y hacer como si no existiesen. Cuando las acciones caen en el saco de lo indeterminado, es fácil olvidarse, excusarse y no percibir con claridad las consecuencias negativas de la procrastinación.

Organizar, ordenar y concretar: fraccionar un gran reto en pequeñas acciones controlables que den resultados medibles.

Para los estudios, proyectos, deportes, para cualquier actividad que implique desarrollo personal, es imperativo contar con un plan específico de “entrenamiento” o acción. Así pues, los educadores, padres, profesores, pueden y deben ayudar a que los jóvenes aprendan a realizar y concretar sus itinerarios; sepan organizar tareas y dotar de contenido las acciones a realizar para mejorar, sepan sintetizar, concretar, fijarse plazos y ponerse objetivos más pequeños para valorar la evolución. No podemos contentarnos con frases huecas y propuestas vacías, son excusas para salir del paso y, más que ayudar, entorpecen el camino.

Gerard Gual es director y fundador de YOUNG&LEADERS, Academia de Educación y Coaching para jóvenes estudiantes con sede en Barcelona.