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Año nuevo, vida nueva: estudiar en Navidad

escrito el 18 de diciembre de 2015 en Artículos con 0 Comentarios

Con la Navidad llegan las fiestas, días libres, reuniones familiares, turrones, regalos, nuevos propósitos y, para algunos, estudio, demasiado estudio.

Muchos universitarios ven la Navidad como el tiempo en el que estudiar todo aquello que no han estudiado durante el primer semestre, y aprovechan las vacaciones para empacharse de horas y horas frente a libros, ejercicios, sesiones interminables de biblioteca, agobios de última hora y predicciones de notas. Los alumnos de ESO y Bachillerato que no han aprobado todo también tienen su dosis de estudio para fiestas, la oportunidad de redimirse y trabajar en dos semanas más de lo que hicieron en tres meses para recuperar asignaturas.

En Navidad se estudia más, tal vez por la voluntad, consciente o inconsciente, de querer empezar bien el año, de cero, renovado y motivado. Se purgan los errores entre polvorones, se hace tabla rasa con la juerga de fin de año y se deja atrás la pereza, el desinterés y la procrastinación.

En Navidad se tiene la oportunidad de preparar lo que será un año mejor, lo que supondrá la construcción de un nuevo yo perfeccionado. La Navidad, para muchos jóvenes y adultos, tiene la función de balneario mental, no por tratarse de unas fiestas que relajen y reconcilien con la vida –que también puede ser el caso- , sino porque coinciden con un momento crítico y son un punto de inflexión por el simbolismo de las fechas: año nuevo, vida nueva. Y eso implica que, esta vez sí, de una vez por todas, se estudiará como es debido.

Nobles propósitos son querer sacar mejores resultados, aprobar las asignaturas suspendidas, recuperar el terreno perdido durante el curso, ponerse a tope con los exámenes finales de semestre, jurar que es la última vez que nos ponemos manos a la obra a última hora.

El problema llega cuando los estudiantes, desacostumbrados a estar concentrados y trabajar con rigor, pretenden lanzarse a la aventura de llenar los días de vacaciones con horas y horas de estudio. Es un salto al vacío, a verlas venir, porque el tiempo de estudio eficiente es de una quinta parte y el resto es tiempo perdido, distracciones, ratos muertos, miradas al infinito, whatsapps, revisión de Facebook, ir a la cocina a picar algo, dar vueltas sobre uno mismo, atontarse con el vuelo de una mosca y dejar que el minutero del reloj avance.

Si no estamos acostumbrados a estudiar regularmente, si no tenemos hábitos y rutinas, es complicado dedicar más de una hora de estudio eficiente al día. Y con una hora diaria difícilmente se logren los resultados previstos, aunque la conciencia esté tranquila porque hayas pasado cuatro horas más calentando la silla. Después, cuando llegan las notas, los estudiantes se escandalizan: ¡estuve estudiando cinco horas diarias durante dos semanas y he suspendido!” pero la realidad es que, de esas cinco horas, sólo aprovechó una.

Si eres un universitarios que no ha hecho nada durante el curso y de repente ves que tienes que ponerte las pilas con demasiadas horas de estudio, si eres un alumno de ESO o Bachillerato que se ha pasado el primer trimestre rascando la barriga en clase y jugando a la play por las tardes y tienes que recuperar cuatro asignaturas, antes de poneros a estudiar compulsivamente sin ton ni son, tomaros unos minutos para organizaros y evaluar la situación.

Quien no tiene hábitos de estudio es más proclive a procrastinar y ver el tiempo pasar sin sacar provecho, así que es bueno conocerse las tendencias y limitaciones de cada uno para corregirlas a medio plazo y para encontrar el mejor método para subsanarlas en el momento. Si sé que me desconcentro con facilidad tendré que encontrar una forma de estudiar que me mantenga concentrado; si me cuesta ponerme, tendré que buscar una motivación, un reto que facilite que me siente a estudiar.

Un buen método para aquellos que les cuesta ponerse a estudiar y necesitan exprimir las vacaciones, es la Técnica Pomodoro, que consiste en fraccionar el tiempo de estudio/trabajo en intervalos de 25 minutos con descansos de 5 minutos hasta la realización de cuatro intervalos, entonces el descanso pasa a ser de 20 minutos. La técnica propone un trabajo intenso en un tiempo limitado, asumible para aquellos con tendencia a distraerse, con recompensas en forma de objetivos y descansos. No obstante, presenta algunos problemas: el descanso puede descentrar y volver al estudio se puede hacer una tarea imposible, si no se sabe exactamente qué hacer en cada intervalo de estudio, los 25 minutos pueden no ser suficientes y perderse en establecer qué hacer.

Para que esta técnica sea eficiente, hay varias consideraciones que se deben tener en cuenta:

  • Organizar el tiempo de estudio: cuántos intervalos se realizaran.
  • Preparar con antelación los contenidos que se trabajaran en cada intervalo. Saber qué se estudiará y cómo se estudiará. Fijarse objetivos para cada intervalo.
  • Programar qué se hará en los descansos. Los descansos deben tener una duración de 5-7 minutos, para ello es importante que, del mismo modo que aprovecharemos el tiempo de estudio, aprovechemos el tiempo de descanso. Cada pausa debe llenarse de un contenido que cumpla con el tiempo previsto: merendar, whatsapper, echar una partida de un juego, llamar al novio o novia, observar por la ventana), y mejor si en cada pausa se hace algo diferente. Podemos aprovechar estas pausas para convertirlas en recompensas, para hacer algo que, aunque breve, nos apetezca.
  • Hay personas que pierden el tiempo y no saben con qué. Se pasan la tarde en la habitación estudiando/trabajando y el tiempo vuela, pero al final no han sido eficientes y no son conscientes de en qué han gastado el rato: un poco de móvil, un poco de pensar en sus cosas, ahora me levanto, ahora me siento, ahora me quedo embobado, etcétera. Cuando les preguntas cómo han ocupado el tiempo contestan que no los saben, que en nada. Para ellos, es importante que antes de empezar a estudiar con la técnica Pomodoro, tomen consciencia de en qué pierden el tiempo, anoten lo que hacen, le den entidad a ese “no hacer nada” para así, poder identificar qué actividades realizan y las puedan acotar a las pausas establecidas.

Estudiar en Navidad, además de celebrar las fiestas como uno quiera o pueda, está bien. Proponerse nuevos retos para el año entrante, está bien. Estudiar muchas horas en vacaciones, está bien. Perder el tiempo, no está bien. Quedarse con la conciencia tranquila por pasar mucho rato frente a unos apuntes aunque no se haya hecho nada, no está bien. Que los propósitos de año nuevo sean una escapatoria para quedarse tranquilo y nunca se concreten, no está bien. Las vacaciones de Navidad dan tiempo y suponen una buena excusa para motivarse; que sirvan para organizarse y priorizar la calidad en vez de la cantidad, que sirvan para mejorar, adquirir hábitos y pulir actitudes frente a los estudios, que no se utilicen como pretexto, como un periodo ideal donde todo se soluciona por arte de magia.

Gerard Gual es director y fundador de YOUNG&LEADERS, Academia de Educación y Coaching para jóvenes estudiantes con sede en Barcelona.